martes, 4 de agosto de 2015

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No es mi culpa - I

Varios días después de haber reencarnado a Destello y a Resplandor, yo  continué observándolos constantemente, aunque más a Destello. Permanecía en su casa resignado por la presencia de la nana que su madre había contratado. La muchacha era una loca adolescente que solo paraba mirando programas donde las personas cantaban, se peleaban y ventilaban sus vidas amorosas. Cuando no miraba la tele, se tiraba en el sillón con revistas referentes a lo mismo: espectáculo del mundo musical.
No me molestaban sus gustos por la música humana, ni nada de la vida que ella paraba chismeando de todas esas personas famosas. Ese pasatiempo no era de mi importancia, ya que mi total atención estaba puesta sobre Destello.  Lo que realmente me disgustaba del gustito de esa muchacha era su fanatismo por cierto grupo de rock, y su locura frenética cuando visualizaba las fotos de los muchachos liderados por una extravagante cabellera rubia enmarañada. Era molesto ver la patética cara de Oro en todas las revistas, como si fuera el rey del mundo.

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