lunes, 29 de junio de 2015

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Déjalo en mis manos - VI

Había llegado el momento. Me paré sobre la casa de la mujer que prestaría su vientre para Resplandor. Era la noche perfecta, con un cielo hermoso, una profunda tranquilidad y, lo mejor de todo, era que esos humanos no estaban enredados asquerosamente.  También me parecía perfecta porque los niños no estaban. Ellos se habían ido de la casa para continuar con su afán de aprender más de los humanos. 

La fina corriente de aire revoloteó mis cabellos. Me encantaba sentir la sensación de la Naturaleza en mí. Cerré mis ojos. Me quedé quieto para no sentir nada más que el murmullo del viento y el movimiento de las hojas de los árboles.  Los abrí lentamente, convencido de que nada podía salir mal.

El suave revoloteo de mis cabellos se volvió violento. Una corriente de aire irrumpió la tranquilidad de mi noche perfecta. Retrocedí unos pasos con el cejo fruncido, porque sabía de quien se trataba. Bufé cansado, pero algo dentro de mí lo estaba esperando. Era lógico que viniera para divertirse, como frecuentaba decir. Mi esperanza por un ritual esplendido, sin sus molestias, nunca fue alta.


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